Nuestros peores temores viven en nuestra imaginación.
? John Draper (Mad Men, 2007)
Un vídeo en el que se puede ver un poco en acción la inminente versión Beta del próximo navegador web de Microsoft, Internet Explorer 9, que podría ver la luz la semana que viene.
Además de los cambios de interfaz, por lo que se puede ver en el vídeo el nuevo navegador es bastante potente manejando gráficos, además de HTML, CSS y JavaScript, algo que ya dejaba entrever la Internet Explorer Platform Preview, una mejora sin duda más que necesaria, imperativa.
(Vía Softpedia, vía Electronista.)
En este plano hiperbólico de Internet que han creado investigadores de la Universidad de Barcelona los cuadraditos rojos son los sistemas autónomos de las grandes empresas y telecos; las líneas son sus conexiones ?repestando las distancias físicas reales que hay entre ellos sobre el MundoReal?? y los nombres de los países son más grandes cuántos más sistemas alojan.

Con un Hom-Bot como el que pudimos ver en IFA 2010 no tendría problema en asignarme pasar la aspiradora como tarea doméstica.
El de LG es una versión bastante sofisticada de este tipo de robots aspiradora, incluyendo el modelo anterior de la casa que no llegó a comercializarse en España. El nuevo modelo sin embargo llegará el próximo mes de octubre, con precios de 449 euros el modelo básico y 549 euros el superior.
Para recorrer las estancias el Hom-Bot va provisto una o dos dos cámaras -según el modelo-, además de sensores de proximidad por ultrasonidos e infrarrojos que le permiten funcionar a oscuras.
De este modo el robot no detecta los obstáculos por contacto -método habitual en este tipo de robots- sino que apura el recorrido para detenerse justo unos milímetros antes de tocarlos. También cuenta con acelerómetro y giroscopio.

Mientras que la cámara inferior es capaz de detectar obstáculos inferiores (un bordillo, un escalón o una alfombra de más de un centímetro de grosor), la cámara superior captura decenas de imágenes por segundo que procesa para reconocer el entorno de forma visual.
Una vez el robot conoce las estancias y obstáculos procesa la información para trazar la ruta más óptima, la que alcanza el mayor porcentaje de superficie aspirada en el menor tiempo.

La autonomía total es de entre una hora y una hora y media. Cuando se está agotando la batería el Hom-Bot utiliza su último aliento para volver a la base y recargarse sólo. Una vez la carga de la batería se completa el Hom-Bot continua su tarea en el mismo punto en el que se detuvo.
El tiempo de limpieza de una estancia de 25 m2 es de aproximadamente un cuarto de hora.
Cuando te enfrentes a un dilema, simplemente lanza una moneda al aire. Funciona. Pero no porque con eso se decida la cuestión, sino porque durante el breve momento en que la moneda está suspedida en el aire, de repente descubres lo que deseas que suceda.
Me encantó esta idea, tan real como la vida misma.
No me fío de la gente que está más de 24h desconectada. A saber qué vidas extrañas tienen ahí fuera.
? Vía Genís Roca
Google Genie es lo más parecido que encontrarás a una sala de teletransporte: un botón de salto entre puntos aleatorios de Google Street Views en los continentes que marques en el menú. Es como la Página aleatoria de la Wikipedia o el para nosotros más cercano ¡Salta de Microsiervos!, para entendernos, pero en el MundoReal?.
Después de un rato de saltar al azar ?Shuffle, Shuffle? la sensación es placentera: el miedo a explotar como cuando pulsabas el Hiperespacio en los Asteroides queda atrás; los aterrizajes lejos de ser en ajetreadas ciudades entre coches suelen ser ?como manda la estadística? en carreteras secundarias de lugares recónditos, generalmete con vistosas nubes y bonitos paisajes.
(Vía MeFi.)
Time Lapse from Space - Earth es un bonito vídeo grabado por Don Pettit desde la Estación Espacial Internacional que recoge una vuelta a la Tierra, algo en lo que esta emplea unos 90 minutos, en apenas medio minuto.
(Lo Facebookeo Víctor R. Ruíz).
Hackeando productos de Ikea para practicar el milenario arte de hacer fuego a mano, habilidad perdida por muchos de nosotros, vía Core77.
Los 553.355 litros de oxígeno líquido y 1.497.440 de hidrógeno líquido que hay en el tanque externo, más los 499.000 kilogramos de combustible que lleva cada uno de los propulsores sólidos de un transbordador espacial, hacen que cuando una de estas naves está lista para despegar tenga un enorme potencial destructivo en el caso de que se produjera una explosión, aunque afortunadamente esto es algo que nunca ha sucedido*.
Se calcula que el margen de seguridad en el caso de una explosión sería de unas tres millas, con lo que la Fuerza Aérea de los Estados Unidos se cura en salud y la distancia mínima a la que coloca a sus invitados más VIP para un lanzamiento es a poco más del doble del complejo de lanzamiento 39, en unas gradas situadas en la Nasa Parkway East, desde donde en realidad apenas se ve el citado complejo:
La NASA es un poco menos conservadora y permite que haya personas observando el lanzamiento al descubierto desde al lado del Vehicle Assembly Building, que es precisamente donde el transbordador se acopla al tanque de combustible y a los cohetes de combustible sólido:
EL VAB está justo fuera del límite de las tres millas y los que han tenido la oportunidad de ver un lanzamiento desde allí cuentan que no son las llamas y el humo y vapor, ni el sonido, que según las condiciones atmosféricas reinantes en el momento del lanzamiento puede llegar unos 14 ó 15 segundos después, sino las vibraciones, que siguen al sonido y que sacuden hasta la última molécula de tu cuerpo, lo que hace sentir el verdadero poder de un transbordador despegando.
Dentro de este límite de tres millas nadie tiene permitido estar al descubierto, y de hecho, aparte de los astronautas que viajan a bordo de la nave, las únicas personas que permanecen dentro de él, de hecho a poco más de 400 metros de la plataforma, es un equipo de médicos y bomberos listos para ir a rescatar a los astronautas en caso de emergencia y de que estos no pudieran escapar por sus propios medios.
Eso sí, permanecen a la espera dentro de un transporte blindado M113 como este:


De todos modos, en caso de evacuación, la idea es que los astronautas intenten abandonar la nave por sus propios medios utilizando unas barquillas que los dejarían dentro de un búnker en el que hay otro M113 que todos están entrenados para conducir y que utilizarían para escapar.

* Durante el desastre del Challenger el tanque de combustible, a pesar de lo que parece, no explotó, sino que se rompió debido a las enormes fuerzas a las que se vio sometido y para las que no estaba diseñado, liberando su contenido a la atmósfera? Aunque casi hubiera sido mejor que hubiera explotado.
Este Mini Microscopio 45X lo venden en Amazon entre 5 y 12 dólares ?varía según los días? e incluye las bombillas, baterías y demás cacharritos, para cotillear los detalles de los diversos objetos de casa o de la naturaleza con un aumento poderoso visual.
(Vía Mackinando, ¡gracias Iván!)
? nadie hace caso de los estudios científicos
(De la colección de Scientific Studies (CC); ¡Gracias, David!)
Chrome ya es oficialmente popular: existe un tema de Hannah Montana para él.
Este Robot-serpiente modular desarrollado en la Carnegie Mellon pasa directamente a un lugar privilegiado de nuestra lista de «robots inquietantes», por su aspecto de serpiente y por esa peculiar forma que tiene de reptar. Verlo moverse evoca en el cerebro algo así como preferiría no encontrármelo en el bosque en una noche oscura.
Un detalle interesante del vídeo es la inteligente apariencia que muestra cuando, tras haber trepado al árbol al final del vídeo, comienza a mover la cabeza «oteando» el horizonte con su cámara. Según cuentan dispone de tres tipos distintos de movimientos y sigue la tendencia actual de imitar los diseños de la naturaleza, que bastante inteligente es ya creando bichos capaces de sobrevivir en todo tipo de condiciones medioambientales.
(Vía botropolis.com.)
Tras toda una vida atrapado por la gravedad terrestre, volar en gravedad cero supone toda una experiencia que te descubre un montón de nuevas sensaciones, ya que todas aquellas referencias a las que llevas años acostumbrado dejan de funcionar en la forma habitual, tus propias reacciones y reflejos se vuelven prácticamente inútiles, y experimentas las leyes de Newton de una forma muy distinta a la que estás acostumbrado.

Haciendo el ganso en gravedad cero. Más fotos en el álbum Gravedad 0 en Flickr
El mes pasado, gracias a Vodafone, con quienes colaboramos en CookingIdeas.es, he tenido la oportunidad de tomar parte en un vuelo en gravedad cero (aunque sería más correcto decir en caída libre) organizado por Zero G Corporation.
Se trata de un vuelo similar a los que realizan las agencias espaciales de todo el mundo para entrenar a sus astronautas y para los que de hecho la NASA contrata de vez en cuando los servicios de esta empresa, y aunque naturalmente no es lo mismo experimentarlo en vivo y en directo que narrar la experiencia, voy a intentarlo.
Los vuelos de Zero G se llevan a cabo en el G-Force One, un Boeing 727-200 convenientemente modificado al que se le han retirado todas las filas de asientos menos las cuatro últimas y que tiene suelos, paredes y techos acolchados en el resto de su interior.


Estos vuelos despegan de distintos aeropuertos a lo largo y ancho de los Estados Unidos, pero el vuelo en el que participé yo tenía además el punto extra añadido de despegar desde el Space Coast Regional Airport, el aeropuerto civil más próximo al Centro Espacial Kennedy.
También te piden peso y altura para ver de qué talla necesitarás el mono de vuelo, pero en realidad prácticamente cualquier con una salud razonable puede tomar parte en un vuelo de estos, y aún en caso de sufrir alguno de los problemas mencionados en el formulario médico, una autorización firmada de tu doctor puede ser suficiente para solucionar el tema.
Pero si tenemos en cuenta que el propio Stephen Hawking, con todos sus problemas de salud, tomó parte en uno de estos vuelos, parece que queda claro que las exigencias no son en realidad muy duras.
Eso sí, los formularios tienen que estar entregados con al menos dos semanas de antelación.
Presentado en el aeropuerto indicado en la fecha y hora indicadas, lo primero que se hace es un briefing de seguridad en el que mediante un vídeo se explica a los participantes cómo va a ser el vuelo; luego viene el vestirse el mono de vuelo, pasar los controles de seguridad como en cualquier otro vuelo comercial -pues en realidad no deja de ser considerado uno-, hacerse la foto de grupo, y embarcar.
Pero en el caso de nuestro vuelo, a causa del mal tiempo reinante en Florida, donde en pleno mes de agosto con un calor y temperatura elevadísimos las tormentas se producen prácticamente a diario, en un primer intento tuvimos que dar la vuelta, ya que no había forma de conseguir que nos reservaran el suficiente espacio aéreo como para realizar las maniobras pertinentes, pues el que en principio nos habían asignado estaba siendo utilizado para enrutar vuelos comerciales.
Afortunadamente, y tras una espera de aproximadamente una hora, las condiciones meteorológicas mejoraron lo suficiente como para poder salir por segunda vez y, sobre el Golfo de Méjico, lo que hizo el vuelo un poco más largo de lo habitual, llevar a cabo el vuelo ingrávido en si.

Trayectoria recorrida por el G-Force One en nuestro vuelo
Así que repetido el briefing de seguridad, de nuevo en vuelo, y alcanzada la altura de crucero, pudimos abandonan los asientos para? Tumbarnos en el suelo.

Esperando impacientes
El motivo de esto es que para conseguir simular las condiciones de caída libre los pilotos ponen el avión en una trayectoria ascendente de unos 45 grados en la que se experimentan 1,8 g, con lo que el peso de cada uno se multiplica casi por dos, y recomiendan afrontar estas fases del vuelo tumbado boca arriba y mirando a un punto fijo en el techo, aunque boca abajo tampoco se lleva tan mal, como pude comprobar durante una de las recuperaciones mientras intentaba usar el Samsung N150 que me había llevado a bordo para intentar tomar unas notas de la experiencia in situ.
Es una sensación similar a cuando un coche acelera o un avión empieza su carrera de despegue, sólo que un poco más fuerte, pero hecho diría que las sensaciones durante la realización de las parábolas son más suaves que en cualquier vuelo con turbulencias o que en una montaña rusa un poco cañera.
Poco antes de alcanzar la parte alta de la parábola, según el avión va perdiendo velocidad, los pilotos nivelan el avión antes de comenzar a descender de nuevo en un ángulo de unos 30 grados para ganar velocidad para la siguiente parábola, y es justo en ese intervalo, gracias a la inercia, cuando los pasajeros experimentan una disminución de su peso, igual que le pasa a una pelota que lanzas hacia arriba justo antes de empezar a caer de nuevo. Cada parábola se comienza a unos 7.300 metros y alcanza una altura máxima de unos 9.800 metros.
Te puedes hacer una idea de cómo es el proceso viendo este vídeo, grabado en un Airbus A300 realizando una maniobra similar.
Las parábolas están calculadas para que la primera genere una sensación de gravedad similar a la de Marte, que es un tercio de la terrestre, las dos siguientes a la de la Luna, un sexto de la terrestre, y las doce restantes para poner a los pasajeros en caída libre, experimentando durante unos treinta segundos en cada ocasión algo muy similar a lo que sienten los astronautas cuando están en el espacio.
Acostumbrados a y condicionados por la gravedad terrestre, una de las primeras cosas que te pasa cuando te levantas en las primeras parábolas en gravedad cero es que te vas directamente al techo porque no controlas tu fuerza cuando es sólo la inercia de la masa de tu propio cuerpo la que se opone a los movimientos y no su peso.
En seguida descubres que arriba y abajo dejan de tener sentido, ya que puedes estar con los pies en el techo sin caerte, y caminar o gatear por la superficie interior del avión sin que importe que lo estés haciendo por paredes, suelo, o techo
Otro descubrimiento curioso es lo complicado -o más bien imposible- que resulta moverse cuando estás flotando en medio del aire sin ningún punto de apoyo, como por ejemplo cuando los monitores sueltan unos M&M o un poco de agua para que intentes atraparlos con la boca. Por mucho que estires el cuello hacia delante, el resto de tu cuerpo no lo sigue al no tener el punto de apoyo que normalmente le proporcionan los pies. De hecho, he de reconocer que el único M&M que conseguí atrapar fue haciendo trampa, pues lo pillé con la mano? Y eso porque lo tenía cerca y me bastó con estirar el brazo.

Walking on the Moon wall
También compruebas que esas imágenes que salen en las películas en las que las cosas empiezan a flotar automáticamente cuando una nave queda en condiciones de ingravidez no son reales, pues a menos que estas cosas -o tú mismo- reciban algún impulso de algún tipo, no se mueven en gravedad cero.
Eso sí, cuando se está acabando el periodo de ingravidez y se oye por megafonía feet down hay que buscar rápidamente la forma de irse al suelo, so pena de hacerlo bajo los efectos del incremento de la gravedad, que tampoco es instantáneo aunque sí rápido, con lo que el acolchado del suelo se agradece.
Personalmente, en ningún momento me sentí mareado ni nada parecido, aunque es cierto que opté por tomar el medicamento contra el mareo que la empresa nos ofreció «por si acaso», pero también es verdad que una de nuestras compañeras de vuelo sí se puso mala y tuvo que aguantar como pudo el resto del vuelo sentada.
Terminadas las quince parábolas previstas, demasiado pronto en mi opinión, el avión puso de nuevo rumbo al aeropuerto de partida, donde tras aterrizar cada uno de los participantes noveles puede por fin poner la chapa con su nombre en el sentido correcto, indicando que ya forma parte de los que han experimentado lo que es la caída libre.
La experiencia es absolutamente alucinante, aunque a un precio en su versión estándar de unos 4.000 euros por pasajero más gastos de desplazamiento al aeropuerto de partida y de alojamiento si son menester en su versión estándar entiendo que no está al alcance de todo el mundo; también hay descuentos del 50% para menores de 13, y hay vuelos Platinum, con dos parábolas más y menos pasajeros, con lo que hay más espacio para flotar, por unos 5.500 euros.
De todos modos, estoy convencido de que hasta el propio Isaac Newton la recomendaría de haber podido probarla. Yo, desde luego, lo hago, y espero poder repetirla alguna vez.